La comunidad educativa de Buey Muerto dicta clases en un cementerio, el sector más alto de la isla

La educación rural entiende que la escuela debe estar donde está la comunidad. Esto se aplica plenamente en la Isla Buey Muerto, ya que debido a la crecida del río Paraguay, los isleños buscaron el lugar más alto para trasladarse: el cementerio. Primero se ubicaron las familias, luego la escuela se trasladó allí y desde abril de este año los tres niveles se dictan en ese espacio físico. Esta realidad no es nueva para los isleños, es algo que habitual que se da con cada crecida.

Dos son las islas que se encuentran en la zona: Buey Muerto y Apando. La que más sufre el embate de las aguas es la primera y “también fue la que más ayuda recibió tanto de Clorinda como de las autoridades de Defensa Civil de la provincia que bajaron para verificar la situación”, reconoció en diálogo con La Mañana, la directora de la EPES Nº 83 de Riacho Negro, Gricelda Albino, de la que depende la EPES 171 “Ejército Argentino” de Buey Muerto.

También se refirió a cómo los docentes y directivos brindan lo mejor de ellos mismos para que sus alumnos transiten de la mejor manera posible este “difícil momento provocado por las inundaciones”.

Durante la entrevista, Albino detalló que la EPES Nº 171 es una escuela multinivel, porque en el mismo edificio funciona: el Jardín de Infantes, la Primaria y la Secundaria.

Explicó que las familias, docentes y alumnos se trasladaron a casi 10 km del lugar donde se encuentra el edificio escolar, dentro de la misma isla, hasta la zona más elevada, que coincide con el camposanto. “Los vecinos se trasladaron primero y la escuela va donde va la comunidad; esa es la forma de trabajar la ruralidad. Acá estamos desde abril, dando clases en el cementerio. Primero resguardamos los bienes de la escuela y de a poco fuimos buscando donde ir. Ibamos a ir a la estancia Monte Claro, pedimos un espacio allí, pero después no fue factible porque la comunidad quería que estemos donde ellos están y tuvimos que ubicarnos nomás en el camposanto”, dijo.

Albino reconoció que no es un lugar propicio para el dictado de las clases, “pero es lo que tenemos y donde debemos funcionar, junto a la comunidad”, remarcó para agregar que “los chicos están habituados porque no es la primera vez que pasan por esto; lo vivieron años anteriores. Para los chiquitos del Jardín esto es nuevo, pero los de Primaria y Secundaria ya están habituados y como estamos compartiendo el lugar con la comunidad, somos una gran familia, lo que hace todo más llevadero. Nos ayudamos mutuamente”.

Además explicó que los padres colaboran mucho con el servicio nutricional que brinda la escuela, ya que en las casas de los vecinos se prepara la copa de leche y el almuerzo, y “a ellos se les dejan las mercaderías para los fines de semana. Hay plena confianza con los padres de nuestros alumnos”.

Si bien ahora ven con esperanza que el nivel del río se encuentra bajando, ya habían previsto que, de continuar la crecida, buscarían un espacio en Villeta, Paraguay, para evacuarse de ser necesario.

En total son 19 estudiantes del Nivel Secundario, de 1º a 6º, otros 20 del Nivel Primario y 5 del Inicial. “En la Isla hay diez familias, más otras cuatro que se encuentran en zonas aledañas, ellas fueron más al monte y lo que les pedimos es que no se dispersen porque cuesta más llegar con la ayuda”.

Emergencias por mordeduras de serpientes

Algo que generó angustia en la comunidad de las islas fue la emergencia provocada por dos casos de personas mordidas por serpientes, lo que activó el grupo de emergencia que poseen con Prefectura, quienes les brindaron los primeros auxilios a las víctimas y luego las trasladaron hasta el Hospital “Arnedo”.

“En Apando, un alumno fue mordido por una serpiente, y en Buey Muerto, al capataz de la estancia lo mordió una yarará. Tuvimos esas urgencias y nos asustamos”, dijo acongojada.

Vale mencionar que estas escuelas rurales no poseen un botiquín con stock de suero antiofídico para las emergencias de este tipo. Afortunadamente, reciben la ayuda de la Prefectura, que activa y dispone de móviles y personal para el auxilio de los que lo requieren.

Albino describió también cuál fue el momento más difícil que afrontaron este año como comunidad educativa. “Lo más duro fue cuando tuvimos que evacuar las escuelas porque hubo que entrar con lanchas o caminando, con agua hasta la cintura, para sacar el mobiliario esencial y poder salvar los libros, bancos, freezer, la cocina. Eso fue lo más terrible que tuvimos que pasar, porque fuimos los docentes, las maestras y profesores los que nos encargamos de eso”.

Para instalar el aula en el camposanto utilizaron chapas y estructuras de un edificio que habían desmantelado y con esos materiales “construimos nuestro chalecito, donde estamos con los chicos”, dijo la docente, que además destacó y valoró el apoyo que reciben de los padres isleños.

“En Apando estamos un poquito mejor porque todavía no nos inundamos, al contrario, recibimos a los niños del Jardín cuyo edificio sí quedó anegado completamente”, comentó para agregar que la esperanza comunitaria está puesta en que el río siga su franco descenso.

“En estos momentos tan duros, la fe es esencial y estamos agradecidos porque recibimos la visita de la imagen peregrina de la Virgen de Luján. Vino con un curita que celebró bautismos y casamientos. Fue un día festivo para la gente de las dos islas. Con la visita de María la comunidad se sintió acompañada”, explicó.

Voz Docente: refugios precarios, improvisados e inadecuados

El gremio Voz Docente, a través de su secretario general, Carlos Toloza, denunció “las pésimas y deplorables condiciones de trabajo que se impone a los docentes”.

“Los docentes son de Clorinda y todos los días deben viajar varias horas para llegar a Buey Muerto (ida y vuelta) en lanchas que pagan con su propio sueldo. Los docentes no sólo dan clases en el cementerio sino que también cocinan y atienden el comedor escolar, donde también tienen sus recreos los alumnos. En el lugar no hay posibilidades de alojamiento para los docentes por lo que deben transitar todos los días el río Paraguay”, explicó.

Además de ser el lugar más alto de la Isla, el Cementerio Monte Claro tiene abundante arboleda que da sombra y está próximo al río, lo que brinda tranquilidad ante emergencias, como el avance repentino de las aguas, por el rápido y seguro acceso al mismo.

“Lo grave de esta situación es que está realidad, de dar clases en el cementerio, en refugios precarios, improvisados e inadecuados se viene repitiendo desde hace varios años”, reclamó Toloza.